Cuántas veces hemos escuchado las malas lenguas hablar de que la convivencia entre niños y mascotas en casa es inviable y ésta ha sido la causa de muchos abandonos en las perreras y protectoras durante los últimos años. La relación que debemos conseguir se basa en la confianza y respeto entre ambas partes y esto se construye al día a día.

¡En la llegada de un bebé a casa es muy importante realizar los cambios y el trabajo necesario previo al momento el que el pequeño venga del hospital! En este punto su trabajo continuo pero con unas buenas pautas previas tendrá mucho ganado.

Es vital ir cambiando las rutinas del perro/gato ya desde el principio; cuando sea consciente de que la familia va a crecer, así el animal no asocia el cambio con la llegada del bebé.

En caso de que el perro o gato llegue en una familia con niños también se deben tomar medidas para que ambos aprendan a respetarse mutuamente y enseñar al niño a comunicarse con él para que la convivencia sea más fluida. Su peludo es uno más de la familia, ¡déjelo formar parte de todas las situaciones cotidianas! Si los apartamos y los ignoramos en presencia del niño estaremos creando nosotros mismos una mala relación entre ellos.

El respeto es la base para que todo fluya, debe ser consciente y enseñar al perro/gato a calmarse delante del pequeño, y como decíamos esto no significa apartarlos el uno del otro. Si deja que su perro/gato forme parte de los ratos que está con el niño, apreciará estos momentos. En cambio, si está con el pequeño y aparte al perro/gato, éste asociará que el niño es la causa por la que se alejado de sus guías.

Evidentemente vosotros; los padres del niño y guías de su animal sois quien conoce más a su perro/gato, y sabrá cuáles son sus límites; si es que se pone nervioso con el llanto del pequeño, por ejemplo. Cuando su hijo llore deberemos ver si el perro está incómodo con la situación; si necesita retirarse a otra habitación para relajarse o si necesita aprender a calmarse frente a esta situación. Otro ejemplo es; cuando su hijo crezca y empiece a gatear y caminar deberemos enseñarle a respetar los espacios del perro; la cama donde descansa, el cuenco de comida, no subirse encima del perro, no estirar la cola del gato,…-. En todo momento se debe tener presente que el animal puede reaccionar simplemente para pedir espacio o por dolor por un pellizco del niño y sin querer, hacer daño a éste.

Por tanto no debe olvidar que debe enseñarse tanto a los animales como a los niños a interactuar de forma calmada y siempre con respeto mutuo. Como guías debe aprender a interpretar las señales de calma de su perro para poder apreciar las situaciones donde se encuentra incómodo y poderlo sacar de éstas para que no necesite utilizar otros recursos para reducir el estrés que le produce la situación en sí.

La relación entre un niño y su perro o gato es vital para que el peludo pueda disfrutar de un estado emocional positivo.

Si tiene algún problema de convivencia o está esperando a un bebé y sois conscientes de querer hacer las cosas bien no dude en ponerse en contacto con nosotros.